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Escrito Por Jennifer Despain
El 13 de Septiembre de 2006 | En Cusco, Perú
una mujer de Quechua esta sentada en los pasos
del patio, tejiendo un sombrero flexible de invierno
con los materiales que su familia recure.
Al rededor de ella hay una serie de suéteres,
guantes y turistas. Cercas esta un niño vestido
en un traje tradicional de Quechua, dirigiendo
una alpaca hacia una calle empedrada mientras
su hermana le ofrece a los transeúntes la oportunidad
de tomarles una foto o comprar un títere de dedo;
cada uno por "un sol" (30 centavos de EE.UU.).
A millones de millas una pareja espera un joven
alpaca que se colocara en un establo con su contraparte
femenina. Sobre las próximas dos semanas los dos
alpacas aparearán, tratando día tras día hasta
que el proceso sea completo. Los específicos rodeando
esta concepción últimamente traerá un bebé sano
y caro -- un bebé que proveerá los ingresos de
la pareja.
Alpaca. La palabra parece conjurar todos tipos
de imágenes para diferentes personas: un suéter
curioso traído como recuerdo por alguien que fue
de vacaciones en el sur; esos animales relajándose
en los campos como rastafarianos; ese carácter
loco llamado Kuzco en la película The Emperor's
New Grove -- oh espera, eso es una llama...
Para la mayoría de personas, las alpacas tendrán
esta imagen pero para familias, tonto como en
el Norte como en Sudamérica, ellos son el ingreso
para pagar las cuentas. Lejos de las costas del
lago Titicaca en la Isla de Amantani en el sudeste
de Perú, Estiban Calsin dirige una pareja de turistas
sobre la subida hasta su hogar. Ganándose la vida
en la isla es muy difícil porque para llegar allí
es un paseo en barco tres-horas del continente.
Para familias como los Calsins, recibiendo a los
turistas traerá dinero esencial.
Típicamente los isleños de Amantani sólo obtienen
una fracción de lo que los turista paga por permanecer
allí. Así, Estiban y su familia hacen la mayoría
de su ganancia principalmente vendiéndole a sus
huéspedes prendas de punto hecho a mano de los
productos de las alpacas.
A las 4 en un sábado por la tarde, Debbie y
Steve Jesse hablan sobre creando alpaca a un grupo
de personas reunidos en su hacienda en Manhattan,
Mont.
Los Jesses empezaran criando alpaca como un
negocio de jubilación. Mientras las familias en
Sudamérica ganan dinero de la alpaca vendiendo
la carne y la fibra, los Jesses hacen su dinero
criando alpaca de buena calidad que entonces serán
vendidos a otros criadores por un buen precio.
Aunque sea un sombrero de tres dólares o un
bebé de quince mil dólares, la alpaca tienen más
que ofrecer. No importa las circunstancias, fibra
de alpaca, las fotos, la carne y los bebés sostienen
los estilos de vida de personas en Perú y Montana
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UNA HISTORIA DE LOS ALPACA:
Julie Calsin de la Isla de Amantani, arriba, trae
un gorro para mantener el calor en las alturas.
Abajo, una alpaca en Manhattan, Mont.

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