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Lo que El Papa entendió, y como
se equivoc
* Un editorial forastero
por uno graduado del Departamento de Periodismo que
ya está de soldado
Por Leon D'Souza
3 de Octubre, 2006 | Si haya existido duda que la
guerra retórica contra terror ha tenido éxito en polarizar
los mundos Musulmán y Cristiano, los comentarios desafortunados
e inoportunos del Papa en la Universidad Regensburg
de Alemania lo ha clarificado.
Claramente, estamos en medio de lo que ha inevitablemente
evolucionado en una guerra religiosa. La guerra pone
en competencia el Cristianismo del Oeste y sus ideologías
de liberalismo, consentimiento, y voluntad libre en
contra Islam Árabe con las ideologías de ortodoxia,
anti-modernismo, y fidelidad a todos los punto de la
ley del Corán.
Por muchos años los intelectuales han evitado el tema
de terror acabado por los Musulmanes, prefiriendo caracterizarlo
en términos no tan ofensivos.
Algunos lo han descrito como expresión política de
frustración domestica; otros lo han perdonado como ira
justificada en contra la política Occidental por hacerse
amigo de los tiranos para tener acceso al petróleo.
Sin importar la razón, hay una conexión indisputable
del radicalismo Islámico y el brote de terror que amenaza
el mundo moderno. Es decir que para aún los fanáticos
más terribles, la atracción es esencialmente una atracción
religiosa.
Como el líder Hezbollah Hassan Nasrallah lo dijo,
la lucha para muchos Árabes y Musulmanes tiene que ver
con el honor: un valor que tiene su lugar prominente
en la tradición Islámica. La lucha, según Nasrallah,
es de ganar de nuevo el honor perdido al demostrarse
listo para sacrificar y sufrir. Es la busca para restaurar
a Islam a la Edad de Oro. Es una busca Machiavelliana:
una que glorifica al fin mientras perdona los medios
de llegar.
Estos son los métodos perversos e injustos que Benedicto
XVI quiso atacar en su discurso en Regensburg. El Papa,
en mi opinión, no quiso criticar a Islam, sino criticar
el tipo de Islam que se practica por hombres como Nasralleh
y Osama bin Laden.
El Papa se equivocó en escoger su referencia histórica
y el vocabulario inflamatorio que contenía.
Ciertamente las relaciones entre Cristianos y Musulmanes
han progresado desde la época del siglo catorce, cuando
Manuel II dio su criticismo duro de Islam. La amistad
que extendió particularmente Juan Pablo II ayudó en
fortalecer las conexiones entre las dos tradiciones
de fe más antiguas del mundo. El retroceder tanto fue
innecesario e ignorante del progreso de entendimiento
que se ha hecho entre las religiones desde los días
de las Cruzadas.
Mas, los criticismos del Papa fueron demasiado extensos-
la tipa de retórica dura que aliena aun los moderados,
haciéndoles adoptar una postura más agresiva para defender
sus creencias.
El mensaje del discurso de Regensburg fue exactamente
el tipo de discurso sermoneador que impide el progreso
del diálogo entre las religiones, lo cual es tan importante
en examinar las diferencias teológicas y sociales que
están al corazón de esta guerra.
Habiendo dicho esto, el discurso ciertamente sirvió
un propósito importante: fue provocativo. Y ha resultado
en el comienzo de un diálogo sustantivo entre los líderes
más poderosos de los Musulmanes y Cristianos.
Está en este ambiente que las preguntas ideológicas,
y específicamente teológicas que tratan con el tema
de terrorismo Islámico pueden ser resueltas. Para esto,
podemos esperar todos.
Al considerarlo todo, hay esperanza.
Para leer mas de este tema y de otros, puedes visitar
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